NO CONTROLES MI FORMA DE BAILAR…

¡Buenos días por la mañana de lunes mundo! La verdad es que he dudado un poco sobre si compartir esta anécdota que nos ocurrió el sábado a mi marido y a mi, pero creo que podemos sacar, como de casi todo algo bueno de ella, así que allá va.

Ser padre joven tiene muchas, muchísimas ventajas. Tenemos fuerza, ganas, paciencia, ilusión, amor a raudales y normalmente mucho buen rollo para compartir con nuestros hijos. Pero cuando eres joven (en tus 20, o tiernos 30) y tienes un bebé te conviertes en blanco perfecto para toda clase de consejos, comentarios y opiniones. La mayoría de ellos, aunque innecesarios e incluso perjudiciales, sobre todo para primerizos, se hacen con cariño y buena intención. En esos casos, en los que los consejeros son familia y amigos que solo quieren ayudar, sonríe y aplica filtro.

Pero no es de esos consejos de los que quiero hablar hoy, sino de los que te hace gratuitamente la gente por la calle. Sí, la educación de tus hijos de repente importa e interesa a cualquier viandante con demasiado tiempo libre. No es que me parezca mal, de hecho creo que los niños deberían ser considerados y respetados por toda la sociedad, y que sean seres humanos seguros de si mismos e íntegros es responsabilidad de toda la sociedad en su conjunto. Sin embargo los comentarios a los que me refiero no suelen ser hechos de modo respetuoso ni con ánimo constructivo. Más bien es el clásico “meto mis narices donde nadie me llama”. 

Pues bien, esta vez, que no es la primera, los hechos se dieron el sábado por la tarde en el supermercado de debajo de casa. Este fin de semana se hizo la gran recogida de alimentos por parte del Banco de Alimentos y a mi marido se le ocurrió que este año podíamos colaborar con las niñas. Como ya “no tenemos bebé” y el súper como digo, está literalmente debajo de casa si había necesidad uno de los dos podría subir a casa con ellas nos animamos. La solidaridad y la generosidad son valores cristianos fundamentales, desde nuestro punto de vista, en la formación de nuestras hijas, y como todo el mundo sabe, fray ejemplo es el mejor predicador. La experiencia no ha podido ser más positiva y repetiremos sin duda el año que viene.

Pero de todo hay en este mundo. Un señor les compró sugus por trabajar tan bien, y esque lo hicieron genial. Las niñas tienen 5, 4, 3 y 1 año, ni que decir tiene que la de 1 con no llorar demasiado ya cumplió su misión. Pero las demás repartieron folletos en la puerta, contaron Kg, y escribieron en las cajas fenomenal, y esque los niños son como el chicle, dan para tanto como les pidas. La mayoría de personas fueron muy amables con ellas, pero una iluminada al entrar y ver a mi marido con la de 1 año en brazos y la de 4 repartiendo papelitos y diciendo ” estamos recogiendo alimentos” con la voz más dulce que le he oído jamás, le miró y le dijo “me parecen muy pequeñas” a lo que él haciendo gala de su inteligencia, educación y oportunidad, le dijo con mucho respeto y firmeza “no se preocupe usted de los valores que enseño a mis hijas ni de cómo lo hago”. Y aquí yo me quito el sombrero y aplaudo.

cotilla-investigacion

El mensaje es que tú al recibir el carnet de padre no lo sabes todo, ni mucho menos, de hecho vamos aprendiendo con nuestros hijos. Pero desde luego nadie sabe mejor que tú como educar, tratar y formar a tus hijos. Y cuando un consejero altruista no se corte y te suelte una perlita como esta, sonríe y dale un buen corte.

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